Hey,
Siempre me causó una gracia tremenda el pánico moral que le agarra al mundo adulto cuando ve a un adolescente frente a una pantalla. Proyectamos en ellos nuestra propia miopía y juramos que están perdiendo el tiempo, cuando en realidad, del otro lado del cristal, están editando un video, remixando códigos culturales o debatiendo sobre literatura con un BookTuber a diez mil kilómetros de distancia.
Ese es mi punto de partida. Soy Maximiliano Diel Schanzembach, y paso mis días habitando la trinchera donde chocan tres mundos que parecen distintos, pero que para mí son exactamente el mismo: la educación, el psicoanálisis y la cultura digital.
Como docente e investigador, hace mucho tiempo que me bajé del barco de la burocracia educativa. Rechazo de forma tajante la evaluación tradicional; esa que usa la calificación como una zanahoria para que el alumno camine, diseñada más para la comodidad del profesor que para un aprendizaje real. Creo en una pedagogía más Edupunk: ensuciarse las manos, aprender por ensayo y error, y apostar por rúbricas descriptivas consensuadas. Si no construimos desde la motivación intrínseca y nos animamos a salir de la caja, terminamos fosilizando el conocimiento.
Y acá es donde entra el psicoanálisis y la alta teoría. No cito a Freud, a Derrida o a Spinoza para sonar solemne en un paper académico, sino porque ofrecen las herramientas más lúcidas para desarmar los problemas de la vida cotidiana. Rescato la lógica sutil de Freud (muy lejos de su “vulgata” comercial) para escuchar lo que los gurises no dicen. Uso el “descentramiento” de Derrida para mirar los conflictos del aula desde ángulos oblicuos, buscando que el aprendizaje no se tranque.
Pero sobre todo, mi brújula es Spinoza. Entiendo la alegría no como un estado de ánimo pasajero, sino como el motor político y vital que potencia la vida. Sin ese mindset, cualquier intento de educar o de analizar se convierte en un trámite administrativo vacío.
¿Qué vas a encontrar en este espacio?
Esta web es mi bitácora. Un lugar para pensar en voz alta sobre cómo los jóvenes habitan la Web 2.0 y 3.0, sobre cómo la tecnología modifica nuestro deseo, y sobre la urgencia de abandonar nuestra pasividad frente a las instituciones. A veces me pongo teórico, a veces suelto algún anglicismo como affordance o engagement porque el concepto lo pide, y casi siempre termino riéndome un poco de lo absurdo que es intentar imponer el orden del siglo XX a las mentes del siglo XXI.
Si te interesa desarmar el sentido común, pensar la educación sin domesticar el caos creativo y aceptar que el síntoma siempre tiene una verdad histórica que decirnos… pasá, ponete cómodo.
Hay mucho conocimiento para remixar.
